


León XIV nació como Robert Francis Prevost el 14 de septiembre de 1955 en Chicago, Estados Unidos. A primera vista, podrías pensar que es simplemente el «primer Papa estadounidense»… ¡pero su historia es mucho más rica y universal!
Robert Prevost no es solo un hombre de estudio, sino un hombre de misión. Ingresó a la Orden de San Agustín en 1977, y fue ordenado sacerdote en 1982. Su vocación lo llevó pronto a cruzar fronteras: en 1985 fue enviado como misionero a Perú, al norte del país, en la diócesis de Chulucanas. Allí trabajó con comunidades rurales y humildes, sirviendo como formador y director del seminario agustino en Trujillo.
Desde 2001 hasta 2013 fue prior general de los agustinos, viviendo en Roma y recorriendo el mundo, conociendo las realidades de la Iglesia en todos los continentes. En 2015, volvió a Perú como obispo de Chiclayo, y en 2023 fue llamado a Roma para servir como prefecto del Dicasterio para los Obispos.
Cuando apareció por primera vez en el balcón de San Pedro, todos esperaban con ansias ver su rostro, escuchar sus palabras, intuir su estilo. Y lo primero que sorprendió fue el nombre elegido: León XIV. ¿Por qué «León»? ¿Qué quiere decir?
El nombre «Leo» viene del latín y significa «león», símbolo de fuerza, nobleza, vigilancia y majestad. En la historia de la Iglesia, ha habido 13 papas con ese nombre. Dos de ellos son santos: San León I, llamado el Magno, defensor de la fe y de la unidad de la Iglesia en tiempos turbulentos, y San León IX, reformador valiente del siglo XI.
Pero probablemente la inspiración más directa venga de León XIII, el gran Papa de la Doctrina Social de la Iglesia, autor de la encíclica Rerum novarum y promotor del diálogo entre la fe y el mundo moderno.
Y en su primera aparición, todo hablaba de continuidad con la tradición: vestía la sotana blanca, la muceta roja, la estola dorada con la cruz, y el anillo del pescador. Se tomó su tiempo antes de salir, dedicando largos minutos a la oración en la capilla. ¿El mensaje? Dios primero. La oración antes que el protagonismo. La humildad antes que los aplausos.
ORACIÓN DEL MILITANTE DE
LA ACCIÓN CATÓLICA MEXICANA
La oración es de suma importancia para los militantes de la Acción Católica Mexicana, les brinda un espacio para conectar con su fe y fortalecer su relación con Dios.
A través de la oración, los laicos y militantes encuentran consuelo, guía y paz interior, lo que les permite enfrentar los desafíos diarios con esperanza y determinación. Además, la oración les proporciona un sentido de comunidad y pertenencia, al unirlos en la fe y en la búsqueda de un mundo mejor.
En la oración nace la fuerza y determinación para llevar a cabo su labor de servicio a los demás, inspirados por el amor y la misericordia de Dios.
En resumen, la oración es un pilar fundamental en la vida de los laicos y militantes de la Acción Católica Mexicana.


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