OBJETIVO:
Intensificar la formación integral de todos los militantes, para que respondan eficazmente a su vocación y cumplan responsablemente su llamado a ser discípulos y misioneros de Jesucristo.

"HASTA QUE SE FORME CRISTO EN VOSOTROS"
(Gal 4,19)
La Exhortación Apostólica "Los fieles laicos" de Su Santidad Juan Pablo Il nos da luces muy claras sobre la formación de los laicos. La formación cristiana, nos dice, es "un continuo proceso personal de maduración en la fe y de configuración con Cristo según la voluntad del Padre, con la guía del Espíritu Santo". La formación de los fieles laicos se ha de colocar entre una de las metas más urgentes e importantes de alcanzar.
El objetivo de la formación cristiana es el descubrimiento, cada vez más claro, de la propia vocación y la disponibilidad para vivirla en el cumplimiento de la misión de cada quien. Es indispensable que la formación nos lleve no solo a saber cuál es nuestra vocación, sino qué es necesario hacer para lo que Dios quiere.


En la formación de los militantes se deben unificar los criterios para ofrecer una formación cristiana. Cada una de las organizaciones y movimientos necesitan crear nuevos instrumentos (ediciones, cursos, talleres, actividades apostólicas, etc.) que ayuden eficazmente a la formación integral de sus miembros para que desarrollen sus capacidades espirituales, morales, políticas, etc. Los militantes y dirigentes deben superarse no solo humanamente, sino proyectarse como verdaderos discípulos y misioneros de Jesús.




Por eso, la formación debe abarcar:
1.- La maduración en el crecimiento espiritual hacia el encuentro con Jesucristo.
2.- El descubrimiento progresivo del designio salvífico de Dios sobre cada uno y sobre la historia, pues el Plan de Dios se nos revela a través del desarrollo histórico de la vida y de sus acontecimientos, y por lo tanto solo gradualmente, en cierto sentido, de día en día, para lo cual es indispensable:
a) La lectura y meditación de la Palabra de Dios y de la Iglesia, que ella se convierta en alimento para que, por la propia experiencia, se entienda que la palabra de Jesús es espíritu y vida (lectio divina).
b) Frecuencia de sacramentos: reconciliación, lugar de la experiencia personal de reencuentro con Cristo compasivo y misericordioso. Eucaristía, alimento indispensable para la vida del discípulo y misionero. La oración filial y constante, personal y comunitaria, signo supremo de la gracia en el camino del discípulo misionero.
c) La referencia a una sabia y amorosa dirección espiritual.
d) La percepción en la fe de los dones y talentos recibidos.
e) El conocimiento objetivo de las diversas situaciones sociales e históricas en las que se está inmerso (ChL No. 58).

