Acción Católica Mexicana
"La Paz de Cristo en el Reino de Cristo"
"La Acción Católica, es una comunidad de laicos libremente comprometidos a vivir personal y orgánicamente el Evangelio y así realizar su vocación cristiana en la misión apostólica de la Iglesia, con especial vinculación a la Jerarquía."


NATURALEZA Y MISIÓN DE LA ACCIÓN CATÓLICA
El Concilio Vaticano II celebrado de 1962 -1965, es considerado como el mayor acontecimiento religioso de nuestro tiempo. Su finalidad fue el estudio del mensaje cristiano para el hoy y lograr un nuevo clima y un nuevo rostro de la iglesia. De sus dieciséis documentos, dos de ellos son básicos para nuestro tema: La Constitución “Lumen Gentium”, en su capítulo IV “Los Laicos”, y el Decreto sobre el Apostolado de los Seglares, en el capítulo “Las diferentes formas de Apostolado”.
En el número 20 de este Decreto se afirma que durante mucho tiempo los seglares se han asociado en diversas formas, trabajando en unión estrecha con la Jerarquía, habiendo sido reconocidas y promovidas por los Pontífices y los Obispos. Estas formas de apostolado, ya se llamen Acción Católica o tengan otro nombre, están constituidas por la suma conjunta de cuatro notas o características que se expresan con estas palabras: apostolicidad, seglaridad, organicidad y jerarquicidad.


Esta nota explica que el fin inmediato de la Acción Católica es el mismo fin apostólico de la iglesia, cuya misión es propagar el reino de Cristo, actividad que, recibe el nombre de “apostolado”.
El apostolado de los seglares se concreta en: evangelizar, santificar a los hombres y formar cristianamente su conciencia para infundir el Evangelio en los ambientes donde ellos realizan su vida.
Si la evangelización es la misión total y la identidad más profunda de la Iglesia, para la Acción Católica también lo es. Así lo menciona el documento de Aparecida “Cada bautizado un discípulo misionero”.
La santificación de los hombres se realiza con su participación en la plenitud de la santidad de Cristo, que se hace presente a través de los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía. Buscar la santidad de los laicos en su realidad temporal.
La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en donde él descubre la ley de amar, practicar el bien y evitar el mal. El recto uso de la razón, la meditación de la palabra de Dios y la puesta en práctica de los señalamientos del Magisterio de la Iglesia son caminos claves para la formación cristiana de la conciencia. Es responsabilidad de la AC colaborar en el proceso formativo de sus militantes.


Los documentos conciliares emplean dos términos: laico, (laos) Pueblo de Dios; y seglar (seculum) aspecto secular, vivir en el siglo.
Los laicos o seglares tienen una condición (con excepción de los miembros del orden sagrado y de los religiosos) específica, señalada por el Concilio Vaticano II:
Son los fieles cristianos, que se incorporan a Cristo por el bautismo y se integran al Pueblo de Dios y así participan de la función sacerdotal, profética y real de Cristo.
A ellos corresponde luchar por el Reino de Dios en las actividades del mundo temporal donde viven familia, trabajo, escuela, grupo social, política, medios de comunicación, empresa, relaciones internacionales y otras derivadas de estos campos. En otras palabras: iluminar y ordenar las realidades temporales.
Esta rica experiencia que viven los laicos en la sociedad, la ofrecen a la Jerarquía, a fin de que se conozcan de cerca las condiciones en que ha de realizarse la acción pastoral de la Iglesia, y así la elaboración y el desarrollo de los programas de trabajo respondan mejor a las necesidades y urgencias de la comunidad.
Por supuesto, los laicos deben asumir la responsabilidad de la dirección de sus organizaciones.


Esta nota pide que la acción apostólica se constituya y funcione bajo el signo de la unidad. Exige una organización tal, que ha de vivir como un cuerpo integral, con distintos miembros, cada uno con su propia responsabilidad, pero trabajando permanentemente juntos, humana y espiritualmente.
La razón de esta unidad reviste un doble propósito:
Primero: manifestar ante los demás un espíritu de fraternidad, de cariño y apertura, signo de la comunidad eclesial.
Segundo: buscar que toda actividad apostólica sea eficaz y llegue al pueblo de Dios.
La AC ha de revisar constantemente su estructura, es decir, los cuadros básicos con los que opera: equipos, comités, juntas, en los diversos planos, de tal forma que la interrelación de las personas y grupos sea muy ágil y dinámica. Las técnicas modernas ofrecen magníficos elementos para una funcionalidad activa y progresiva.


Los laicos, bien ofreciéndose espontáneamente o invitados a la acción y a la directa cooperación con el apostolado jerárquico, trabajan bajo la dirección superior de la misma jerarquía, que puede sancionar esta cooperación, incluso por un mandato explicito.
La Jerarquía “gobierno sagrado” la constituyen el Papa y los Obispos, asistidos por los sacerdotes y diáconos, como colaboradores inmediatos.
Los seglares pueden ofrecerse espontáneamente para trabajar en el crecimiento de la comunidad eclesial. La “nota” de Jerarquicidad amplía su mirada al señalar que los seglares pueden ser invitados al apostolado jerárquico.
Todos los seglares, en lo personal, como las asociaciones, cuando son invitados a la directa cooperación con el apostolado jerárquico, obran bajo la dirección superior de la propia Jerarquía.
La expresión “dirección superior” ha ido evolucionando conforme la reflexión eclesiológica y se indican también con los términos “dependencia” “comunión” y otros.
Finalmente, esta “nota” señala que la Jerarquia puede sancionar la cooperación que solicite, con un mandato explicito, es decir, los obispos tienen la facultad de instituir o no la Acción Católica, y señalarle los campos que ha de atender. Dado el caso, el obispo puede suspender temporal o definitivamente el funcionamiento de la Acción Católica, en su diócesis.
La Jerarquicidad plantea a la AC, la exigencia de participar en la pastoral de la Iglesia. Lo hara siempre conforme lo pide su propia identidad.
En la ACM se hallan reunidas simultáneamente estas notas, por lo que con toda propiedad se responde a las expectativas del Concilio.



